jueves, 29 de enero de 2009

Ladran Sancho!

La vida de cada ser humano es única e irrepetible. Catalogada como un milagro, mágica, azarosa, accidental, incidental, evolutiva, etc. La vida es: un concepto? una teoría? un ciclo? un conjunto de experiencias? Mientras incursionamos en diatribas desgastantes e inútiles, aquella prosigue y, muchas veces, a pesar nuestro. Esto, lejos de ser una idea pesimista, es un eufemismo de la realidad que generamos desde el mismo instante en que creemos que por negar algo, automáticamente, lo desactivamos. A modo de ejemplo, lo primero que me viene a la mente, son los argumentos que generamos para excusar prácticas y, la excusa, es la apología de razonar el error y eufemizarlo para un mejor modo placentero de uso. La mejor excusa que nuestra sociedad ha encontrado para dejar de lado el valor de la vida, es el trabajo de subsistencia material. Jornal indigente que anestesia, pero que no satisface. He escuchado en más de una ocasión:"Tuve que dejar de o renunciar a…porque tenía que trabajar y suplir mis necesidades básicas". Nos intimida la pendiente y es más pacífica la llanura.
Para despejar dudas y rispideces, deseo aclarar es que mi intención es defender la actitud de progreso que en todo sistema de convivencia digno debe poseer. La posesión de este bien es demandante y nos pone a prueba constantemente. No basta con tenerlo, se lo debe poseer. Hay una lucha agónica determinante y vivificante.
Vivimos en un mundo deficiente y plagado de paliativos, sumamente exitista, conjugado en un aquí y ahora.
¿Qué hace mi vida con todo esto? ¿La minimizo en categorías teóricas existencialistas? Tal vez. Pero mi mejor elección será ejercer el poder de la influencia en el medio que me contiene y del cual formo parte activa. Los molinos de viento del Quijote han adquirido formas abstractas y metamórficas. Los perros se esfuerzan por denunciarnos. Ladran Sancho, señal que avanzamos!

miércoles, 7 de enero de 2009

Una perspectiva estrellada

Me hallaba sumido en un fenómeno llamado: introspección. En dicho proceso madurativo y reflexivo, encontré, en palabras del sabio Arquímides, a Eureca. Mujer sin atavíos, enceguecedora y sincera. Fue amor a primera vista. No tuve miramientos al momento de interpelarla. Esquivando su mirada, le susurré: ¿cuán real es la realidad?
De esta manera, comencé con la generación de un espacio (lejos de ser único), en donde el ver no sólo sea una cuestión de sentido. Éste encuentro apela a la reivindicación del más común de los sentidos, a saber: la visión que nos otorga la univerisalidad de la vida y la particularidad de su experiencia. La vida y la muerte; la sonrisa y la tristeza; lo absoluto y lo relativo, etc. Todas dicotomías, en la teoría. Pero en la contingente vivencia de encontrarnos, lo son?
En un nosotros inclusivo, me permito invitarlos a pensar en esto y mucho más.