Me hallaba sumido en un fenómeno llamado: introspección. En dicho proceso madurativo y reflexivo, encontré, en palabras del sabio Arquímides, a Eureca. Mujer sin atavíos, enceguecedora y sincera. Fue amor a primera vista. No tuve miramientos al momento de interpelarla. Esquivando su mirada, le susurré: ¿cuán real es la realidad?
De esta manera, comencé con la generación de un espacio (lejos de ser único), en donde el ver no sólo sea una cuestión de sentido. Éste encuentro apela a la reivindicación del más común de los sentidos, a saber: la visión que nos otorga la univerisalidad de la vida y la particularidad de su experiencia. La vida y la muerte; la sonrisa y la tristeza; lo absoluto y lo relativo, etc. Todas dicotomías, en la teoría. Pero en la contingente vivencia de encontrarnos, lo son?
En un nosotros inclusivo, me permito invitarlos a pensar en esto y mucho más.
miércoles, 7 de enero de 2009
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